viernes, 18 de octubre de 2013

Algunas Personas Deberian Morir

Hoy no hablare de mí, hoy estoy tan enojada por esto, algunas personas son realmente una escoria que merecen una muerte lenta.

Los "niños cabeza de rata" o Chuha de Pakistán, mendigos y esclavos.
Los 'cabeza de rata', entre el mito y la explotación

Para algunas personas son casi divinidades o encarnaciones de espíritus benéficos y creen que al darles limosna alcanzarán sus deseos de prosperidad, lograrán la curación de sus enfermedades o estarán a salvo de los "males de ojo".

Para los padres de estos niños era imposible no sólo su manutención sino proporcionales el cuidado especial que necesitaban. La solución la encontraban abandonando a los bebés a las puertas del templo de Shah Daula, en la localidad de Gujrat, pues la creencia popular era que esos niños eran los protegidos del místico sufí que está enterrado en el santuario.
Aparatos medievales para reducirles el cráneo: Hasta hace una década las autoridades pakistaníes habían tolerado esta práctica, incluso la defendían de las críticas extranjeras y respaldaban a los responsables de esa especie de “templo y centro de acogida” porque consideraban que formaba parte de la religiosidad de la región del país. Pero el mito encierra una horrible práctica que parece por fin demostrada. Ante la necesidad de las mafias que controlan el negocio de la limosna de aumentar su plantilla de mendigos, han llegado a secuestrar bebés sanos a los que han deformado la cabeza con aparatos de tortura medievales.

Estudios médicos en la zona, llegaron a conclusiones relacionadas con la costumbre muy habitual en Gujrat de casarse entre primos hermanos, dando esa “endogamia extrema” de siglos el aumento de casos de nacimientos con microcefalia

El gobierno de Islamabad prohibió esas prácticas, considerando que atentaban contra el verdadero sentido de justicia humana que predica el Islam.

En medio de una multitud, entre autobuses y puestos de vendedores ambulantes, Adel, de 15 años, y ciego, va de la mano de Amyed Ali, su protector. Vestido con túnica verde, el color sagrado de los musulmanes, Adel bendice a los que se le acercan poniendo la mano sobre sus cabezas.

Cada mañana, Ali recoge a Adel, que vive con otros tres cabezas de rata en la aldea de Tasil Qaria, a 30 kilómetros de Gujrat, y suben a un microbús hasta la estación central de autobuses, donde le obliga a trabajar hasta el atardecer. El niño suele recaudar unos 5 o 6 euros al día, una fortuna en Pakistán, teniendo en cuenta que el sueldo medio es de 40 euros al mes.

Dulan Wala, de 17 años, se divierte encendiendo el incienso que porta en una cajita de madera agujereada, siempre cargada entre sus manos. Con destreza, la joven cruza entre la multitud que espera el autobús y avienta el humo del incienso hacia los pasajeros para que le den alguna moneda. Su túnica es más larga que ella, por lo que, a veces, se tropieza y tambalea. Su centinela es un anciano que camina enjuto y apoyándose en un bastón. La mendiga vive con otra familia en una sencilla vivienda de adobe en una de las zonas más deprimidas de Tasil Qaria.


Sohail lleva 40 años viviendo en una desgastada tienda de campaña con la familia que lo compró, al lado de un vertedero en las afueras de Gujrat. A pesar de la miseria que lo rodea, muestra un rostro afable. Sohail no puede hablar y, por ello, sus ojos han aprendido a ser muy expresivos. Hamid, el cabeza de familia, controla el dinero que trae el mendigo deficiente a casa. Sohail, tras una larga jornada de trasiego en las calles de Gujrat, suele recaudar unos 7 euros al día , de los cuales debe guardar una parte para entregársela a la mafiosa que lo vendió. "Los guardianes de Shah Daula nos piden entre 20 y 30 euros cada mes", detalla Hamid.

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